domingo, 15 de octubre de 2017

“Black Out 2022”, “Nowhere to run” y “Nexus Dawn”: tres imperdibles joyas del nuevo universo Blade Runner


Por: Alexiel Vidam

Si eres un verdadero fan de la clásica Blade Runner -como yo-, seguro ya viste Blade Runner 2049… o por lo menos la tienes agendada para verla 1, 2, 3… infinitas veces (por cierto, espera nuestros comentarios aquí en Cinematosis, que ya salen calientes ;) ).
                                                                                                                            
La hayas visto ya o todavía,  te recomendamos ver también los tres cortometrajes spin-off que sirven como puente entre esta nueva versión y su antecesora.

¿Qué si es necesario verlos para entender la secuela? Pues no, realmente, y por eso tampoco es tan relevante si los ves antes o después de ver la película, pero, definitivamente, son material rico, pues completan ciertos espacios, volviendo la experiencia total de Blade Runner –como universo- aún más gratificante.

Black Out 2022 se desarrolla 3 años después de la clásica Blade Runner.

Los responsables de estos cortometrajes son los directores Shinichiro Watanabe y Luke Scott. El primero, reconocido autor de animes de la talla de Cowboy Bebop y Samurai Champloo; también creador de los cortos Kid's Story y A Detective Story, de The Animatrix. Luke Scott, por su parte, juega también un papel importante aquí, al ser hijo de Ridley Scott, autor de la película clásica.

Como autor en sí, podríamos considerarle aún de poca trayectoria; fue director de segunda unidad en Exodus: Gods and Kings y en Misión Rescate -ambas dirigidas por su padre- y en 2016 debutó como director con la película Morgan. A pesar de ello, Luke Scott no decepciona en lo absoluto, realizando un trabajo impecable a nivel audiovisual, y generando un impacto final de intriga en los dos cortos que dirige.

Nowhere to run
Nexus Dawn

Ahora, ¿de qué van estos cortos? Básicamente, construyen situaciones previas a lo que vemos en Blade Runner 2049 y arremeten ferozmente con un mensaje de crítica social.

Black Out 2022, corto dirigido por Watanabe, está realizado en formato de animación –como podría esperarse-. Cuenta con una calidad gráfica excepcional y tomas que sorprenden con destacado realismo. En poco más de 15 minutos, Watanabe nos presenta la envidia y el temor de los humanos hacia los replicantes, lo cual desencadena en monstruosos actos de crueldad.

Los protagonistas, Iggy y Trixie, dos replicantes del tipo Nexus 8 (modelo con una esperanza de vida igual a la del ser humano). Ellos están buscando generar un “apagón” informático, borrando así la data que permite a los humanos rastrear a los replicantes y atentar contra sus vidas.


Nowhere to run y Nexus Dawn, de Luke Scott, más que desarrollar una historia, buscan clavar un golpe seco en el espectador. Con poco más de cinco minutos, se centran en generar una sensación de incomodidad, de asco y rechazo hacia nuestra sociedad salvaje.

Nowhere to run, es protagonizado por Sapper (Dave Bautista), replicante clandestino que sufre el rechazo colectivo luego de proteger a una niña y a su madre (la sensación que produce el final, es de desolación).

Nexus Dawn, por su parte, gira en torno al personaje de Wallace (Jared Leto), encarnación del lado más podrido del ser humano; un sujeto sin escrúpulos que provoca tanta vergüenza ajena como propia, al actuar como espejo de los instintos más bajos y primitivos de nuestra especie.




Para redondear, nos encontramos ante tres joyitas de este nuevo universo que se despliega para deleite de los amantes del género y especialmente para quienes consideramos a Blade Runner como una de las mejores historias distópicas que se hayan podido crear –si no la mejor-. Véanlos.

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viernes, 13 de octubre de 2017

“Los puentes de Madison”: historia de un encuentro fugaz (y eterno)



"No quiero necesitarte... porque no puedo tenerte."

Por: Alexiel Vidam

Ayer volví a ver una de esas pocas pelas románticas que realmente me atrapan y que –por si fuera poco-, pueden hacerme llorar: Los Puentes de Madison, una película de Clint Eastwood que cuenta, por cierto, con una de las más memorables actuaciones de Meryl Streep (mi actriz favorita por excelencia).

Por el contrario de mostrarnos un amorío chicloso y empalagoso, Los Puentes de Madison es capaz de estrujarte el corazón con un romance rebelde, maduro y bien cuajado. Es, además, una película que cuestiona los esquemas tradicionales acerca de la familia, la pareja, el amor, y los propios objetivos finales de la vida del ser humano.


La protagonista, Francesca (Meryl Streep) es una mujer que ha dejado su pueblo en Italia para casarse con Richard (Jim Haynie), un veterano de guerra norteamericano que hoy se ha convertido en un pacífico, esmerado, y bastante aburrido granjero. Francesca y Richard viven en Iowa, en el condado de Madison. Es un pueblo pequeño donde todos se conocen, todos se ayudan, donde nadie roba a nadie… pero también todos cuchichean sobre la vida de otros: uno de esos pueblos donde no hay mucho que hacer, y el aburrimiento se rompe, muy de cuándo en vez, con un buen –y muy desagradable- chisme.



La vida de Francesca transcurre monótonamente atendiendo a sus hijos adolescentes y a su marido, quienes no parecen tener mucho interés en comprender sus verdaderos deseos. Un día, Richard y los dos jóvenes parten hacia una feria fuera del pueblo, y Francesca –a solas en casa- recibe la inesperada visita de Robert Kincaid (Clint Eastwood), un fotógrafo de la National Geographic interesado en fotografiar los puentes cubiertos de la zona. La actitud desapegada y aventurera de Robert impresiona a Francesca, generando en ella una verdadera revolución interna, caracterizada por un nuevo descubrimiento de sí misma y fuertes interrogantes acerca de su vida actual y las decisiones que ha tomado (o que ha dejado que tomen por ella).




*ATENCIÓN  A SPOILERS*

Ciertamente, nos encontramos ante una historia de infidelidad, pero... ¿hasta qué punto podemos juzgar esta infidelidad? Francesca es una mujer frustrada por sus malas decisiones y su falta de carácter para imponer su voluntad. La parte de culpa que le corresponde, es la de haber dejado pasar demasiado tiempo. Todo indica que su esposo es –en el fondo- un buen tipo, pero también un sujeto egoísta y chapado a la antigua, incapaz de escuchar las necesidades de su mujer. Los hijos, han sido criados según el modelo del padre, que es el mismo que la propia madre se ha obligado a seguir y a transmitir.


Podríamos considerar a Francesca como una antiheroína feminista. Una mujer que, tarde, tiene un instante de rebelión y busca reafirmar su identidad, siguiendo sus propios deseos de pasión, afecto y libertad. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas; no le resulta fácil renunciar a una vida hecha y correr el riesgo de ser rechazada por la familia que ha formado.

El personaje de Robert, por otra parte, es encantador desde el primer instante: un sujeto carismático, divertido, desenfadado y galante. A pesar de ser un tipo solitario y sin ataduras, se muestra bastante considerado con Francesca, de modo que el romance se desarrolla de manera progresiva y según la tensión entre los dos se va volviendo cada vez más irrefrenable.



Vale decir que ambos protagonistas nos transmiten muy claramente sus sueños, frustraciones e inseguridades, y todo ello gracias al carisma y la flamante interpretación de los dos actores principales.

En cuanto a los aspectos técnicos, la película es sencilla, pero cumple con transmitir las atmósferas de pasión, libertad o tensión en los momentos indicados. La fotografía destaca en colores cálidos y tonos naranjas para enfatizar los momentos de emotividad y pasión.


Una de las escenas más memorables–a mi parecer- es aquella en la que Francesca enfrenta a Robert a fin de saber cuáles son sus sentimientos. Otra, y la más conmovedora, sin duda, es ésa en la que Francesca se encuentra con su marido en la camioneta y percibe a Robert observándola, como quien ruega que reconsidere, como quien trata de alargar los segundos de una despedida que espera que nunca llegue. Esa escena, que dura hasta el momento en que Robert cuelga del retrovisor la cadenita que le dio Francesca, y luego se resigna y parte para siempre, es la que nos pone a todos a llorar; es la que pone a Francesca a llorar y nos convierte en partícipes de su sufrimiento.


Una película sencillamente hermosa y hecha para cuestionar nuestros propios esquemas mentales, para dejarnos un simple, claro y contundente mensaje de fondo:  “Hagan lo que tengan que hacer para vivir su vida. Hay muchas cosas para ser felices”.


Ficha técnica

Dirección: Clint Eastwood
Producción: Clint Eastwood, Kathleen Kennedy
Idea original: Robert James Waller (de su novela Los puentes de Madison)
Guión: Richard LaGravenese
Música: Lennie Niehaus
Fotografía: Jack N. Green
Montaje: Joel Cox
Reparto: Clint Eastwood, Meryl Streep, Annie Corley, Victor Selzak, Jim Haynie
País: Estados Unidos
Idioma: Inglés
Año: 1995
Género: Drama romántico